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jueves, 3 de abril de 2008

imaginemos


Imaginemos que una noche cualquiera, una placentina sufre una agresión física por parte de su marido o pareja.
Imaginemos, que esta es una de las lacras más espeluznantes y agudas existentes en la actualidad.
Imaginemos que esta mujer se dirige al centro de atención a mujeres maltratadas con un ojo morado, el labio partido, temblorosa, con una profunda depresión y cargada de terror...pánico por la situación vivida.
Imaginemos, que ese centro especializado la invita a pasar la noche a un centro de protección, homologado por el espíritu santo..."Cáritas", por ejemplo.
Imaginemos, que además es convidada a trasladarse a otra ciudad si no quiere morir, dejando a familia e hijos navegando a la deriva de la sin razón del maltratador y del sistema (imaginado, claro).
Imaginemos, que ese centro de atención haya desaparecido por ahorrarse cuatro duros invertidos en fomentar el producto vinícola, (producto que a su vez aviva al delincuente del que hablamos).
Imaginemos que la artífice de esta decisión es la que negó a un servidor la necesidad de evitar que exista habitualidad para que haya una orden de alejamiento, es decir, que necesites cutro informes médicos que acrediten el padecimiento de la vejación (o más) en un corto periodo de tiempo.
Imaginemos que mañana aumenta el número de muertos, víctima de los malos tratos en Plasencia.
Imaginemos que además, la autora del recorte de la ayuda es una mujer y supuestamente progresista.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Yo lo tengo claro, ¿y tu?

Este fin de semana he estado participando en unas jornadas sobre la igualdad en el empleo, una actvidad bastante interesante, que intercaló mesas redondas con la
práctica de trabajos entendidos como propios de cada sexo(A mí me tocó cocinar junto a Iñaki y claramente nuestro arroz salió ganador).
En el debate presidido por la Directora del Instituto de la mujer, esta hizo mención a muchas cosas interesantes, pero me sorprendió su loa a la ley de violencia de género sin mirar más allá de lo que hay. Por esta razón, en el turno de palabra concedido al público yo levanté la mano para reflexionar sobre la importancia de que las instituciones den un paso más allá en la norma sobre malos tratos, ya que hasta ahora, a pesar de lo que diga el texto legislativo, la realidad es que en el código penal se exige habitualidad para que se entienda como delito.
No sé si por no ser ducha en derecho, me respondió exaltando los avances que ha producido su publicación y la efectividad y rapidez de la aplicación de las sanciones y, tiene razón, pero existe un pequeño problema: "para que sean castigadas las conductas de violencia sobre las mujeres, es preciso que previamente se considere delito, es decir, que haya habitualidad, es decir que te sacudan varias veces".
Eso sí, , volvimos a hacer hincapié en el sexismo del lenguaje y, es que quizás sea más importante utilizar el término de ser humano en lugar del de hombre, que no impedir la reiteración en las palizas para dar con los huesos del agresor en la cárcel.
No sé en que escalón de importancia se encuentran una y otra para la sociedad y las féminas en singular...!yo lo tengo claro!