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domingo, 4 de noviembre de 2007

Navalmoral de mis olores

Llega el camión, el aire es nauseabundo, yo pego un sprint para alcanzar los depósitos de basura antes de que lo haga el vehículo y lo consigo.
Había estado separando los residuos durante tres días para que pudieran ser reciclados. Me quedo contemplando el proceso de selección tras arrojar las bolsas, cada una al recipente del color correspondiente y, perplejo observo como los empleados no hacen distinciones e insertan tanto el contenido del amarillo, como el del verde en el mismo lugar.
Yo, con la boca abierta sigo mirando la estampa del fraude y, a pesar del hedor que desprenden, veo como impúdicamente abren el destinado a materia orgánica, alumbran con una linterna y deciden que ese no hay que vaciarlo.
Después de que Buñuel hubiera escrito el guión de la noche, fui a repasar la prensa y, tirando de hemeroteca volví a releer que se había adjudicado la recogida de basura a una empresa por veinte años y servicio de reciclaje, a cambio de una auténtica millonada.
El dinero destinado a este servicio, cuanto menos es para obligarla a realizar un vacio íntegro en todos los puntos establecidos al efecto, acondicionamiento que salvaguarde la higiene (incluida la emanación de olores), y por supuesto la división de la escoria con el fin de ser reutilizada, el resto es un engaño y un paupérrimo servicio al pueblo, que habrá que investigar por qué se permite.