martes, 7 de octubre de 2008

Lapsus

Al tiempo que inhalaba una bocanada de humo a un cigarro recien encendido, una duda asaltó mi mente: ¿Por qué el agua de la ducha nunca sale templada?.
Esto es uno de los grandes enigmas con los que el ser humano debe convivir y, aunque parezca una jodienda, hay cosas peores:
Puede ocurrirte que un día cualquiera, tras acabar una sesión de cuarenta minutos de carrera contínua, en una anónima ciudad del Campo Arañuelo, cuyo chivo real, jefe del consistorio es un epígono de Cañete, que entre plato y plato de ternera olvida promesas de abandono político, fruto de síndrome pospandrial o posladrillar, (que vete tú a saber como se escribe realmente) o producto de una patología de mayor gravedad, pues también se olvidó de comunicar el corte de agua que sufriría la población antes intuída y, que le ha supuesto a un servidor esperar sentado sobre una tabla, para no manchar los cojines, durante tres horitas y empapado cual fideo en el caldo .(Y eso sin hablar del aroma a rosas y jazmín que he aportado al ajuar familiar).
Pues le voy a decir una cosa señor alcalde, hágase una revisión, porque por su mala memoria está todavía esperando a Monago.

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